Himeneo (1864)


“…volviendo los ojos a la estatuaria antigua, también acometió el tema predilecto del arte griego, inspirándose en sus obras: el desnudo. Tal es la hermosa estatua de Himeneo . Aparece el divino mancebo arrogante, risueño, coronado de rosas, en pie; el elegante torso ondulando ligeramente y cargando sobre la pierna derecha; con la izquierda ligeramente doblada, recordando la postura de los atletas de Polycleto; el brazo diestro junto al cuerpo; el izquierdo exento, viendo cómo prende el fuego del amor humano de la antorcha que tiene en una mano, a la que tiene en la otra. En la inflexión, la línea que ondula desde la inclinada cabeza hasta el centro abdominal, y desde aquí, en sentido inverso, hasta el pie izquierdo, hay un soplo praxiteliano, avivado por la morbidez que le prestó el natural. ¡Cuán distante se halla esta clásica figura, de aquellas que produjo el gusto napoleónico con su pretencioso dogmatismo arqueológico! Cualquiera de las estatuas a que nos referimos, resultará fría al lado del Himeneo de Suñol ; porque éste, para ejecutar su estatua, no se dispensó con la contemplación de los mármoles antiguos del atento examen de la Naturaleza , que supo engrandecer y sublimar a la manera clásica. El modelado revela un estudio tan concienzudo como delicado, y el sentimiento con e1 que se supo expresar el autor la amorosa indolencia y la suave morbidez del alegórico personaje. La filiación artística de esta figura está en los juveniles dioses de Praxiteles, cuya característica es la gracia. La cabeza, sobre todo el rostro, que respira la placidez olímpica, y los pies calzados con sandalias, revela las impresiones directas de la estatuaria helénica; el cuerpo, de admirable elegancia, construido con unas proporciones que recuerdan las del canon de Lisypo, el famoso escultor de Alejandro, y aun las superan en esbeltez, guarda más relación que con las estatuas antiguas, con las del Renacimiento; y la mano derecha tiene algo de miguelangelesco.”

Jose Ramón Melida